Sacrificio.

La palabra proviene del latín: sacrum y facere, que significa “hacer sagrado”.

La persona común usa la palabra como un doloroso acto de desapego, que no coincide con la etimología de la palabra.

Cuando el Masón ponga su muerte dentro de la Bolsa Benéfica, estará cometiendo un “Sacrificio”, es decir, sagrando su muerte, o haciéndose sagrada, entregándose, esotéricamente, a quienes necesitan ayuda.

En los altares hebreos, el sacrificio estaba en la quema de las ofrendas, porque el olor que se desprendía del humo agradaba al Señor; esta práctica que involucra fuego se llama el Holocausto.

Cada vez que el Masón busca superar sus debilidades, estará sacrificando al Señor; esta actitud se convierte en un acto sagrado y, por tanto, sacerdotal.

Todo acto humano debe ser consciente; nada debe hacerse sin pensar; todo debe estar “armado” teniendo en cuenta la precedencia.

Breviario Masónico / Rizzardo da Camino, – 6. Ed. – São Paulo. Madrás, 2014, pág. 350.