La bolsa de beneficencia.

La segunda bolsa se la entrega en la persona del hospitalario, además se realiza el recorrido de acuerdo con la jerarquía funcional; 

Se Ofrece la bolsa a los Hermanos sin mirar la mano que pone el óbolo.

Contribuir económicamente a la beneficencia es uno de los deberes más serios de todo masón, ya que, junto con su óbolo, deposita sus “fluidos espirituales”, que magnetizan los valores, dando a quienes los reciben como caridad mucho más que un valor material. 

Cuando colocamos nuestro óbolo , debemos visualizar al destinatario, enviándole nuestro cariño y mejores deseos de prosperidad. 

En los  momentos transcurridos durante recorrido de los sacos, el masón debe intentar estar en meditación, valorando así su gesto altruista. 

¡No se exigen cantidades, sino calidad! Algunas monedas entregadas con esfuerzo  pueden resolver el problema financiero más serio; no olvidemos  lo hacemos para apoyar la situación de muerte de la viuda, allí operara la multiplicación de pan y el pescado.  Todo es posible dentro de una Logia, ya que se trabaja bajo los auspicios del Gran Arquitecto del Universo, que es Dios. 

Es “más bienaventurado el que da que el que recibe”, es un precepto bíblico que siempre debe estar en nuestra mente. 

No debemos donar las sobras, sino lo que determine nuestro corazón. 

Breviario Masónico / Rizzardo da Camino, – 6. Ed. – São Paulo. Madrás, 2014, pág. 23.

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